Tiene cuarenta filas
Un panel con cuarenta indicadores no se lee, se ojea. Y lo que se ojea no cambia ninguna decisión. Los cuadros que sobreviven tienen pocas filas, las suficientes para caber en una pantalla sin bajar.
Un cuadro de mando integral se construye eligiendo pocos indicadores y dándole a cada uno cuatro cosas: una fuente de datos concreta, una referencia con la que compararlo, un responsable y una acción para cuando se ponga en rojo. El modelo original es de Kaplan y Norton, publicado en Harvard Business Review en 1992.
Un panel con cuarenta indicadores no se lee, se ojea. Y lo que se ojea no cambia ninguna decisión. Los cuadros que sobreviven tienen pocas filas, las suficientes para caber en una pantalla sin bajar.
Si alguien tiene que rellenar el cuadro cada lunes, el cuadro dura hasta las primeras vacaciones de esa persona. Todo indicador que no salga solo de un sitio tiene fecha de caducidad puesta.
Un número malo que no dispara nada es decoración. Si la fila «citas canceladas» se pone en rojo y no hay escrito quién llama y a quién, la fila no sirve para nada aunque el dato sea correcto.
«Ventas» no es un indicador. «Presupuestos aceptados este mes» sí lo es, porque solo se puede contar de una manera. Si dos personas del equipo pueden entender cosas distintas por el nombre de la fila, la fila está mal escrita.
El CRM, la caja, el calendario, la hoja de horas. Con el nombre del sitio concreto, no la categoría. Si la respuesta es «lo saca Marta del programa», ese indicador se cae el día que Marta se va de vacaciones.
Un número suelto no dice nada. Ciento veinte citas puede ser un mes extraordinario o el peor del año. Cada fila necesita una referencia: el mismo mes del año pasado, la media de los últimos tres meses o el objetivo que pusiste.
Quién se entera, qué hace y en cuánto tiempo. Escrito antes de que ocurra, no improvisado el día que ocurre. Esta es la columna que separa un cuadro de mando de un informe bonito.
01
Literalmente las que te haces tú. «¿Cuántas citas hay esta semana?», «¿cuánto he facturado?», «¿quién no ha vuelto?». Esas preguntas son tus indicadores, y no los hay que inventar.
02
Una por una. Las que salgan solas de un programa entran en la primera versión. Las que exijan que alguien las teclee, apártalas: esas son las que matan el cuadro.
03
Tres filas que se actualizan solas y que miras cada lunes valen más que veinte que no se abren. Las demás entran después, cuando se pueda automatizar el dato.
04
Antes de empezar te decimos por escrito qué entra y para cuándo. Si lo que entregamos no es eso, lo corregimos sin coste.
Montamos bastantes cuadros de mando y el trabajo difícil nunca es técnico: es sentarse a discutir qué filas sobran. La primera reunión suele salir con veinticinco indicadores y la segunda con seis. Los que quedan son los que alguien mira de verdad. Si ya tienes uno y ha dejado de abrirse, casi siempre se arregla quitando filas y no añadiendo pantallas.
Empieza por las preguntas que ya te haces cada semana, no por las perspectivas del modelo. Escríbelas, mira cuáles se pueden responder con datos que salgan solos de un programa que ya usas y monta la primera versión solo con esas. Después, cuando ya se mire cada lunes, comprueba si te falta algo de alguna de las cuatro perspectivas de Kaplan y Norton: dinero, clientes, procesos y equipo. Ir en ese orden es lo que hace que sobreviva.
Las que hemos visto funcionar en negocios de servicios son pocas y concretas: presupuestos enviados en el mes, cuántos de esos se aceptaron, cuánto tarda de media un presupuesto en contestarse, importe medio por venta y de dónde vino cada cliente nuevo. Cinco filas con su comparación contra el mismo mes del año pasado. La que más discusiones útiles genera suele ser la del tiempo de respuesta.
Para una plantilla pequeña, con cuatro o cinco filas basta: gente que se ha ido en los últimos doce meses, días de baja, horas extra por persona, tiempo que se tarda en cubrir un puesto y cuántos han pasado por alguna formación. En empresas de menos de veinte personas, la fila de horas extra es la que antes avisa de que algo se está rompiendo.
Sirve para ver la forma, no para copiar el contenido. Los indicadores de una empresa con miles de empleados y distribución en medio mundo no se parecen a los tuyos, y copiarlos es la vía rápida a tener cuarenta filas que no miras. Lo que sí puedes tomar prestado es el esqueleto: las cuatro perspectivas y la idea de equilibrar el dinero con lo que lo produce.
Para empezar vale una hoja de cálculo, y recomendamos empezar ahí porque obliga a decidir qué va dentro antes de gastar en nada. La hoja se queda corta cuando alguien tiene que actualizarla a mano, cuando quieres verla desde el móvil o cuando hay que cruzar datos de tres programas distintos. Ese es el momento de montarlo bien, no antes.
Enséñanos las preguntas que te haces cada lunes y te decimos cuáles se pueden responder solas con lo que ya tienes instalado. Media hora.
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